Zaorejas forma parte del reciente constituido Parque Natural del Alto Tajo. Es además, de todos los pueblos que lo comprenden, el que más territorio abarca dentro del Parque. Este hecho implica un aumento de visitas por parte de visitantes venidos de muchos lugares. Si bien esto resulta positivo para evitar que el pueblo caiga en el olvido, cabe alertar respecto a la toma de ciertas precauciones. Así, el hecho de encontrarse en un Parque Natural ha de favorecer en todos los visitantes que nos acercamos a disfrutar de sus fabulosos recursos naturales la conciencia de que nos encontramos ante un tesoro único. Y es responsabilidad de todos saber preservarlo para las generaciones futuras.

Es Zaorejas uno de los más importantes municipios de los que forman el Alto Tajo, ofreciendo además una nutrida oferta de actividades de ocio y cultura con las que podemos disfrutar, completando de esta manera la visita a su núcleo histórico. Además, Zaorejas posee una amplísima historia que podemos recorrer a través de los siglos gracias a los restos arqueológicos que en ella podemos descubrir. De esta manera podemos realizar una panorámica a través de las diferentes civilizaciones, desde los celtas a los musulmanes pasando por los romanos, quienes dejaron en el pueblo lo que es su más famoso monumento: el acueducto romano.

Los primeros vestigios históricos de la localidad hay que situarlos en la sucesión de abrigos y cuevas que se alzan en el borde del barranco que se abre desde la misma población en sentido Este-Oeste; A pesar de que ninguno de estos abrigos ha sido excavado por arqueólogos, tres de ellos presentan indicios ciertos de una ocupación por parte de homínidos, al menos desde el Paleolítico superior: Son las cuevas denominadas "El horno" y "Peñarrubia", y del abrigo llamado "Covacho de la Carne".

Zaorejas, está situada en mitad de lo que fue la Celtiberia que citan los historiadores romanos. De esta época, tenemos varios yacimientos apenas explorados excavados pero de indudable valor histórico como son las llamadas “La cabezuela de la Cañada” y “Las corralizas de Pozuelo". El espacio de otro poblamiento celtíbero era lo que hoy conocemos como el barrio del "castillo" y todo el recinto defensivo que va formando la alineación rocosa que lo circunda hasta "el cañal".

Adyacente al poblado celtíbero del "castillo", y a lo largo de la hondonada que circunda el pueblo de piedras por un lado y otro, donde ahora se asienta la plaza vieja, la calle real alta, la calle real baja y las calles laterales (incluyendo el propio castro) se alza la población romana de Carae. Zaorejas, pues, es la Carae (en latín significa sencillamente "mansión", casa), surgida de una primera necesidad de Roma en su proceso de conquista de Híspanla de construir recintos defensivo-residenciales para las tropas que debían vigilar y asegurar el tránsito pos las calzadas. Por Zaorejas discurría una calzada que arrancaba desde Bilbilis (actual ciudad de Calatayud) y llegaba hasta la actual ciudad de Albacete. Era una calzada de una importancia menor que las grandes calzadas conocidas, pero que probablemente desempeñó una función importante durante las guerras de Celtiberia. Así mismo, dentro del actual término de Zaorejas confluía otra calzada secundaria que arrancaba en la actual ciudad de Sigüenza y enlazaba aquí con la anterior.

De la Carae romana tenemos el mencionado acueducto. Por cierto, este aun cumplía su función de conducir el agua desde los mandaeros de "Patagorda" hasta la población, a finales del siglo XIX.

En la población, al margen de los testimonios que queden soterrados bajo casas, plazas y calles, emergieron trozos de tubería romana en las inmediaciones de la plaza vieja y principio de la calle Real baja cuando se realizó el alcantarillado del pueblo, de lo que hará pronto cincuenta años.

Si hacemos un salto en el tiempo vemos que tras la reconquista de la comarca a fines del siglo XII, el Rey Alfonso VIII puso canónigos regulares de San Agustín, a los que donó la heredad del Campillo para que pusieran monasterio que afianzara la repoblación del país. La primera referencia expresa de Zaorejas en época medieval la encontramos en el "Fuero de Cuenca" regulando las "esculcas" del ganado del Sexmo de la Sierra. Éstas constituían una suerte de control fiscal (recuento de cabezas) e inspección sanitaria.

Zaorejas quedó pues incorporado al extenso alfoz de Cuenca. La pertenencia a la ciudad de Cuenca se mantuvo hasta el reinado de Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, cuando obtuvo, su autonomía mediante el pago de una cantidad de dinero. La localidad, pues, forma parte durante un largo período del ayuntamiento conquense. Una vez emancipado de la ciudad, sigue disfrutando de los derechos que ejerce la ciudad sobre las "zonas extraterritoriales" que constituyen lo que ahora conocemos como Sierra de Cuenca, y sigue formando parte de su provincia hasta que la nueva división territorial llamada de "Javier de Burgos" en recuerdo de su impulsor político, allá por 1833, la adscribieron a la actual provincia de Guadalajara.

Destaca en Zaorejas la especial estructura del pueblo, de calles estrechas y muy recias casonas de sillarejo calizo, ideales para abrigar los interiores del intenso frío del invierno. Posee Zaorejas dos magníficas plazas en las que podemos observar tanto edificios comunes –así el Concejo- como particulares de aspecto típicamente serrano. Pero el monumento más relevante de Zaorejas es sin duda el acueducto romano, al que allí llaman "el puente romano". Usado para salvar el barranco de Fuentelengua, este acueducto se encuentra a poco más de un kilómetro al sur del casco urbano de Zaorejas. Se compone de un alto muro de piedra careada a dos hojas y con relleno de hormigón de ripio trabado con mortero de cal. El alzado de este muro se divide en cuatro secciones de grosor decreciente según aumenta en altura. Podemos suponer que la obra estaría coronada de una cornisa que daría paso a un canal para la conducción del agua. Su altura original era de 12 metros.

Lo más impresionante de este acueducto romano es el arco que salva el barranco, que tiene el aspecto de un auténtico "arco de triunfo" y que permitía a su vez el paso de una calzada romana por su interior. Dicha calzada correspondería a la vía que unía las ciudades romanas de Laminio y Caesaraugusta, actual Zaragoza, lo que nos da una idea de la importancia estratégica que en su momento alcanzó Zaorejas. Existe, por otra parte, en las inmediaciones un cerro en el que vemos cómo aún se conservan restos de edificaciones y de una antigua muralla. Pese a que se encuentran en proceso de catalogación, si que podemos asegurar de que dichos restos son pertenecientes a un poblado prerromano.

 

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