Situado a una altitud de 1.186 metros sobre el nivel del mar, Peralejos
de las Truchas es uno de los secretos mejor guardados de todos los pueblos
del Alto Tajo. Precisamente su ubicación, ya que está
rodeado de una impresionante orografía, ha contribuido a preservar
todo su valiosísimo patrimonio natural de la explotación
incontrolada por parte de la mano del hombre. Gracias a ello, Peralejos
ha desarrollado una amplia oferta turística basada, fundamentalmente,
en sus importantes recursos naturales. Asimismo, cuenta con diversos
alojamientos rurales y diferentes alternativas para el ocio erigiéndose
en epicentro de un gran número de excursiones y
rutas por el Parque Natural del Alto Tajo. Una de las primeras cosas que nos llama la atención el nombre
del pueblo. La denominación de “Peralejos de las Truchas”
da una pista evidente de otra de las actividades deportivas de mayor
tradición en la zona. No obstante la pesca de la trucha
convoca en este lugar a decenas de deportistas de todo el mundo. Además,
en la mayor parte de los tramos de estos ríos, se practica la
“pesca sin muerte” de la codiciada trucha común.
De hecho, en 1981, en Peralejos se creó el primer coto de pesca
sin muerte de España. La historia de Peralejos nos enseña cómo su nombre castellano indica claramente que fue acuñado durante los años de la reconquista, allá por el siglo XII. Peralejos de las Truchas fue entonces repoblado por campesinos, ganaderos y pescadores, de donde vendría su nombre. Se estima que la población en aquella época era de unos 200 habitantes. La tradición afirma que en su término hubo un convento de monjes cistercienses, que fue pronto abandonado para fundar el monasterio de Piedra, de esa misma orden. En todo caso podemos afirmar que Peralejos de las Truchas fue siempre desde su fundación del Común y Señorío de Molina. De entre el rico patrimonio de Peralejos destacan sus tres
plazas principales. Son la Plaza Mayor, la Plaza de las Fuentes
y la Plaza de la Taberna. Además, sobresale del resto la
Iglesia parroquial de San Mateo, construida en 1652. De ésta
podemos resaltar su espadaña y su interior, formado por tres
naves separadas entre sí por arcos de medio punto. La iglesia
es de planta cruciforme y la parte central está cubierta por
cúpula hemisférica. En sus pechinas se encontramos representados
a los cuatro evangelistas. Si nos encaramamos al Cerro Molina, observaremos un bello conjunto homogéneo de clásica arquitectura popular serrana, compuesto de más de doscientas casas. Estas están atravesadas por un arroyo escaso al que cruzan dos puentes, y que hoy ha sido en parte canalizado y cubierto. Así, paseando por las calles de Peralejos de las Truchas podemos admirar las diversas casonas de estilo molinés dotadas con galerías de tosco barandal, si bien otras muchas han sido remozadas el diferentes estilos con el paso de los años. Así son destacables las casonas de los Sanz, del siglo XVI, aunque en gran parte reedificada en 1670 por el canónigo, consejero real e inquisidor D. Mateo Sanz Caja, quien la añadió una capilla de sencilla arquitectura y fuertes muros; la de los Jiménez, del siglo XVII, en la calle de la Cañada; la «casa grande» de los Arauz, edificada en 1816, y la de los Díaz, algo más antigua. Es también de interés el edificio, de características molinesas plenas, de la herrería de la Hoz seca, obra del siglo XVIII, con magnífica colección de rejas. Ya en plena sierra, encontramos la Ermita de Nuestra Señora de Ribagorda de origen medieval, pero reconstruida totalmente en el siglo XVIII por los Arauz, de los que se ven algunas lápidas en el suelo. |