Situado a una altitud de 1.186 metros sobre el nivel del mar, Peralejos de las Truchas es uno de los secretos mejor guardados de todos los pueblos del Alto Tajo. Precisamente su ubicación, ya que está rodeado de una impresionante orografía, ha contribuido a preservar todo su valiosísimo patrimonio natural de la explotación incontrolada por parte de la mano del hombre. Gracias a ello, Peralejos ha desarrollado una amplia oferta turística basada, fundamentalmente, en sus importantes recursos naturales. Asimismo, cuenta con diversos alojamientos rurales y diferentes alternativas para el ocio erigiéndose en epicentro de un gran número de excursiones y rutas por el Parque Natural del Alto Tajo.
De entre la diversa oferta de actividades en el medio natural hay quien elige la equitación y realizan tranquilos paseos a caballo por la ribera del Tajo.

Una de las primeras cosas que nos llama la atención el nombre del pueblo. La denominación de “Peralejos de las Truchas” da una pista evidente de otra de las actividades deportivas de mayor tradición en la zona. No obstante la pesca de la trucha convoca en este lugar a decenas de deportistas de todo el mundo. Además, en la mayor parte de los tramos de estos ríos, se practica la “pesca sin muerte” de la codiciada trucha común. De hecho, en 1981, en Peralejos se creó el primer coto de pesca sin muerte de España.
Otra de las estrellas gastronómicas de Peralejos son las trufas. Y es que esta preciada variedad de la criadilla de tierra encuentra en las tierras de Peralejos las condiciones idóneas para desarrollarse, por lo que cuando llega la época el pueblo se convierte en lugar de peregrinación de numerosos aficionados y especialistas en trufas a la búsqueda del preciado manjar. De esta forma, la trufa sirve como aderezo de muchos de los más exquisitos platos típicos de la zona como por ejemplo el ciervo a la trufa.

La historia de Peralejos nos enseña cómo su nombre castellano indica claramente que fue acuñado durante los años de la reconquista, allá por el siglo XII. Peralejos de las Truchas fue entonces repoblado por campesinos, ganaderos y pescadores, de donde vendría su nombre. Se estima que la población en aquella época era de unos 200 habitantes. La tradición afirma que en su término hubo un convento de monjes cistercienses, que fue pronto abandonado para fundar el monasterio de Piedra, de esa misma orden. En todo caso podemos afirmar que Peralejos de las Truchas fue siempre desde su fundación del Común y Señorío de Molina.

De entre el rico patrimonio de Peralejos destacan sus tres plazas principales. Son la Plaza Mayor, la Plaza de las Fuentes y la Plaza de la Taberna. Además, sobresale del resto la Iglesia parroquial de San Mateo, construida en 1652. De ésta podemos resaltar su espadaña y su interior, formado por tres naves separadas entre sí por arcos de medio punto. La iglesia es de planta cruciforme y la parte central está cubierta por cúpula hemisférica. En sus pechinas se encontramos representados a los cuatro evangelistas.
Además, podemos admirar varios altares barrocos con varias tallas de los siglos XVII y XVIII. También cabe reseñar una estupenda serie de lienzos de apóstoles de estilo tenebrista.

Si nos encaramamos al Cerro Molina, observaremos un bello conjunto homogéneo de clásica arquitectura popular serrana, compuesto de más de doscientas casas. Estas están atravesadas por un arroyo escaso al que cruzan dos puentes, y que hoy ha sido en parte canalizado y cubierto. Así, paseando por las calles de Peralejos de las Truchas podemos admirar las diversas casonas de estilo molinés dotadas con galerías de tosco barandal, si bien otras muchas han sido remozadas el diferentes estilos con el paso de los años.

Así son destacables las casonas de los Sanz, del siglo XVI, aunque en gran parte reedificada en 1670 por el canónigo, consejero real e inquisidor D. Mateo Sanz Caja, quien la añadió una capilla de sencilla arquitectura y fuertes muros; la de los Jiménez, del siglo XVII, en la calle de la Cañada; la «casa grande» de los Arauz, edificada en 1816, y la de los Díaz, algo más antigua. Es también de interés el edificio, de características molinesas plenas, de la herrería de la Hoz seca, obra del siglo XVIII, con magnífica colección de rejas.

Ya en plena sierra, encontramos la Ermita de Nuestra Señora de Ribagorda de origen medieval, pero reconstruida totalmente en el siglo XVIII por los Arauz, de los que se ven algunas lápidas en el suelo.

Asociación de Municipios Gancheros del Alto Tajo 2006
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